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Las bodas de Cayetana

Bodas Reales - Las bodas de Cayetana

Ni Shakespeare se hubiera atrevido a inventarlo sin pócimas, sueños o delirios de por medio. Un amor así sólo puede crecer como una flor en el desierto. Una flor sobre la que han caído todo género de tormentas y agravios y que llama a gritos al morbo. Y al amor de Cayetana le ha llegado la hora de la verdad. En junio pasado apareció con su rostro felino, solita y toda enjoyada, muy coqueta, en la portada de la edición española deVanity Fair, con sus cabellos blancos enmarañados y una sonrisa de triunfo. Abajo, la revista anunciaba su exclusiva entre destellos color de rosa: “¡Por primera vez juntos! Cayetana & Alfonso: toda gran historia de amor debe acabar en boda”.

Y sí, Cayetana, la duquesa de Alba, acaba de anunciar por fin su boda, la realización de su sueño imposible a los 85 años de edad, con Alfonso Díez, un mozuelo de 60. Enterada de que todo el mundo en España estaba pendiente de sus andares amorosos, se valió de una agencia de noticias europea para hacer saber a todos que el momento de su enlace había llegado por fin. Y aclaró de paso, de manera muy enfática, al modo de un mensaje cifrado con destinatarias muy definidas: “A dicho enlace no asistirá ninguna amiga por falta de espacio y para que no se puedan sentir ofendidas, con la excepción del doctor Trujillo, que me intervino quirúrgicamente”.

Quienes vieron a Cayetana en las imágenes que difundió la televisión española al comienzo del verano entenderán la importancia que ha tenido en su vida, literalmente, el doctor Trujillo. En Ibiza la captaron las cámaras mientras se bañaba en el mar de la mano de una asistente personal. Al salir del agua se descubrió que portaba un bikini más o menos breve. Protegía sus ojos con unas gafas oscuras. Y caminaba con ciertas dificultades. No se escuchaba su voz, pero eran evidentes también sus problemas para expresarse. De hecho, de no ser por el neurocirujano Francisco Trujillo, Cayetana estaría desde hace rato en el otro mundo, sentadita en el olvido. Pero Trujillo le devolvió la vida, las ganas de enamorarse y de disfrutar cada hora del día desde que le implantó, hace tres años, una válvula en el cerebro para aliviar una hidrocefalia que la hacía pedazos segundo a segundo. Y su novio Alfonso Díez la reconcilió luego con la pasión.

Pero no todos vieron con buenos ojos el romance que ambos cultivaron más o menos desde aquellos días de angustia, dolor e incertidumbre. No sólo las amigas de Cayetana, que se escandalizaron y se sintieron ofendidas, sino los hijos de la duquesa, que vieron con recelo a Díez, un discreto funcionario del gobierno español, y no tardaron en definirlo como un ambicioso cazafortunas que iba en busca de los bienes de la familia. Cuando se habló en voz alta del matrimonio que planeaban los enamorados, los hijos pusieron el grito en el cielo y se opusieron de manera tajante.

El tema se convirtió en una polémica nacional y saltó de inmediato a la prensa, donde hubo quienes estuvieron a favor y en contra con tal de meter su cuchara en el que después de todo es un asunto ajeno y de vida privada. Para entonces, Vanity Fair ya se había adelantado a la duquesa con su portada color de rosa. Su amplio reportaje llevaba de título en las páginas interiores “El sí de Cayetana”, y alimentaba la curiosidad de los lectores destacando las pocas palabras que le había podido sacar: “Alfonso está muy enamorado de mí y yo de él. Lo que más me gusta es su gran pasión por mí. Y me ha dicho la siguiente frase: ‘Me moriría si no estuvieras aquí’”.

Pero las cosas no estuvieron ni tantito fáciles para que María del Rosario Cayetana Alfonsa Victoria Eugenia Francisca Fitz-James Stuart y de Silva, dos veces viuda, dueña de 46 títulos nobiliarios, presidenta de la Fundación Casa de Alba y con unos 3 mil 500 millones de euros en sus arcas, pudiera llegar al altar el próximo 5 de octubre de la mano de su novio en su palacete de Sevilla. Después de vencer con mucho carácter y fuerza de voluntad enfermedades y chismes, Cayetana decidió finalmente hacer frente a sus seis remilgosos hijos y los convenció con el único argumento posible: les repartió 110 millones de euros a cada uno a modo de herencia adelantada. Ninguno se negó a recibir un legado del que quedó específicamente excluido Alfonso Díez. Para él nada, para ellos todo. Después de las firmas correspondientes ante el notario, hasta accedieron a acudir a la tercera boda de su madre y soportar un poco a un contrayente al que desprecian sin la más mínima discreción.

Fuera de eso todo habrá de transcurrir “en la más estricta intimidad”, como ha planeado Cayetana. Nada de prensa, nada de colados, nada de indiscreciones. Se acabó el desmadre.

Fuente: www.milenio.com

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