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Alberto y Charlene de Mónaco y otros acuerdos prenupciales de palacio

Existen pocos espectáculos en el mundo como una boda real; una gran fiesta de bienvenidos excesos a la que se sienten invitados, aunque sea como simples observadores, decenas de millones de personas. De modo que resultan un fabuloso escaparate para que las Casas Reales muestren que la monarquía sigue firme y con buena salud.

Sin embargo, de alguno de esos enlaces de corona y armiño han nacido serias amenazas para la propia institución. La experiencia aireada de Carlos de Inglaterra y Lady Di puso de manifiesto que el amor eterno y la pareja indisoluble ya no forman parte de las tradiciones que se mantienen vivas en las cortes.

No hay duda de que los asesores de los monarcas han tomado buena nota de que la felicidad de hoy puede transformarse en un serio problema legal en el futuro, más aún cuando los plebeyos se convierten en padres de los futuros reyes. 

Parece lógico, por tanto, que mientras los chambelanes y secretarios preparaban los detalles del enlace de Victoria y Daniel de Suecia; que a la vez que se cursaban las invitaciones y se diseñaban los sombreros de los invitados que iban a acompañar a Guillermo y Catalina de Inglaterra; y, al tiempo que los modistos trabajaban sin descanso para la próxima boda de Alberto y Charlene de Mónaco –el 1 y 2 de julio–, una legión de abogados y juristas se haya afanado en preparar acuerdos prenupciales para proteger del desamor a la institución.

No todos los documentos son iguales. Algunos dejan espacio para que, en caso de ruptura, los cónyuges alcancen acuerdos privados y otros tienen cada detalle atado y bien atado. Incluso hay dudas de que alguno de estos acuerdos haya llegado a ser firmado. Pero todos ellos tienen algo en común: si hay divorcio, el que abandona la familia real se va con casi nada. Veamos cómo se ha resuelto este asunto en los últimos enlaces principescos.

Fuente: www.hoymujer.com

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